martes, 31 de mayo de 2016

Te vi, pero no eras tú.



Te vi, pero no eras tú.

Vi tu cara, pero no eras tú.

Vi tu pelo, pero no eras tú.

Vi tus ojos, pero no eras tú.

Vi tú andar, pero no eras tú.

Vi tu gesto, pero no eras tú.

Pase cerca, muy cerca y te olí, pero no eras tú.


Vi tu alejar, pero no eras tú.

jueves, 14 de abril de 2016

El Piso 19

     Las tardes de viernes en mi trabajo siempre eran muy aburridas. Esperar a que el reloj marque las seis de la tarde, era toda una agonía. Colgado en la  pared conservo un reloj de manecilla, mil veces he tratado de quitarlo, pero se aferra a ella como si fueron creados juntos. El pasar de los segundos activan un dilatar de mis pupilas uno a uno, como si el mecanismo del mismo se hubiera trasladado a mis corneas, es insoportable. Muchas veces giro sobre mi silla y veo la calle, la gente. He llegado a contar la cantidad de coches y sus colores. He descubierto con que puntualidad llegan unos y se van otros todos los viernes a la misma hora.

     Solo tuve que mirar un poco más arriba, la esquina del piso 19. Justo a las cinco y puntualmente se prendían sus luces. Ahí estaba ella, regresando a su silla después de haber activado un interruptor que me abre el telón a todo un espectáculo. Y así, cada semana, desde poco antes de las cinco de la tarde y en cuenta regresiva comienzan desde la tercera llamada hasta la que anuncia el inicio de la obra que me lleva a pasar la ultima hora de la semana y un poquito más.

     Llegue a conocer sus movimientos a la perfección. El mover de sus brazos cuando habla por teléfono, su caminar manoteando rodeando su escritorio cuando entraba en alguna acalorada discusión. Supe también que pedía de comer y de tomar y hasta como pedía su café, llevado a la misma hora de la tienda de abajo.

     Sentí una gran liberación de cosquilleo del segundero en mis ojos, por fin ese reloj se había desincorporado de mis corneas. Verla era el pico  de mi semana y de mis días. No sabía su nombre pero sentía que conocía todo de ella. Dos horas a la semana fueron suficientes para descifrarla. Obediente, puntual, elegante y gran tomadora de café, eran entre otras sus cualidades. Tenía que saber más, quería ver mejor y así ayudándome de unos binoculares mi placer se había ampliado de manera exponencial logrando entender que otra de sus cualidades también era ser ordenada, su escritorio se veía siempre acomodado y ese portarretratos que tanto de atemorizaba, mostraba la imagen de una señora mayor.

Mil veces he tratado de cruzar la entrada de su edifico, los viernes se habían convertido en el momento de la semana…


domingo, 10 de abril de 2016

Cuando llegué todo había cambiado...

        Cuando llegué todo había cambiado, mi jardín, mi patio y mi vida. No imaginé que una discusión llegara  a tal extremo. Fue una más de muchas que habíamos tenido en tantos años de estar juntos. ¿Qué habrá cambiado? Reflexiono y me veo de nuevo acalorado en plena plática, o al menos así las llamaba, ahora lo veo, lo entiendo. Tantas horas y tantas palabras tiradas a la basura sin llegar a nada. Destructoras de sentimientos para engendrar otros contrarios. Una a una apilándose en nuestra alma destruyéndonos sin darnos cuenta. Disfrazadas de ovejas cuando en realidad eran lobos feroces, hambrientos… letales.
        
        Cruzo mi patio impresionado por lo que veo. La humedad se apodera de mis ojos. No quiero una explicación… ¡la causa! La imagino… ¿de verdad tenía que ser así?

        Sentado en un rincón apoyo mi cabeza sobre is rodillas, veo el piso. No hay ruido, todo esta  calmado… sin querer alzar la cabeza me hundo en mis ideas, el silencio me ayuda y la calma me inspira. Así, sin ver ni oír,  me doy cuenta que de ahora en adelante mi vida tomará otro rumbo, era un parte aguas, una línea que dividía el pasado de lo que vendría. Estaba claro tendría que construir  cosas más sólidas en vez de perder el tempo en hacer cosas tan vulnerables.   
      
        Tenía que suceder, una perdida traería muchas otras ganancias. Espero que no sea tarde y  logre reparar mi vida. Mi jardín y mi patio solo son cosas que por el hecho de serla son reemplazables. ¡Tú no lo eres! Y yo para ti no quiero serlo. Voy a Buscarte… tengo mucho que explicar,  pedirte perdón por tantas cosas. Enmendar camino y tener uno de ambos, el mismo.

Sembrar otra vez con diferente terreno y semilla ¡En ti! si me aceptas. Cuidaré se ese jardín todos los días, regaré con palabras ¡Ahora si palabras! Con el afán que absorban las raíces y se fortalezcan aferrándose más al suelo, y su tronco crezca  solido alimentado de atenciones y cuidados

Todo había cambiado pero no cuando llegue esa tarde…


www.nuevoenletras.net

viernes, 11 de marzo de 2016

Rompiendo, el Sol.

     Mañana fría en la Ciudad de México. Nublado y lluvioso. Urbe Gris y Cielo gris con puro concreto al rededor mio rimando a la perfección con el cielo. Combinación perfecta, un look escogido por la naturaleza y combinado por el hombre. Triste y cabizbajo Salí muy temprano, normalmente así amanezco y en un bonito día se me va quitando. Al parecer la agonía de terminar el día será larga. No soy pesimista ni una persona triste, sola me deprime mucho los días grises y fríos. Quedarme en mi cama no es opción, mi trabajo demanda mi presencia. 

     Caminé unas cuadras, aún es muy temprano así que cabe la posibilidad que mi buen amigo el sol rompa y me adorne esta combinación de escala de grises con un amarillo ocre que cambie mi estado de ánimo. ¡Me urge ¡ mi día es complicado y requiero de buen humor para sobrepasarlo. Unas cuadras más adelante, café en mano, logre ver una pequeña ráfaga de sol a lo lejos. Llegaba directo a un frondoso árbol que yacía en medio de un gran camellón. Como figura bíblica, a lo lejos apreciaba un árbol cubierto de llamas rojas y amarillas. Bañado de sol y bendito por él, este árbol toco mi alma con un suspiro de optimismo, diciéndome que ese día todo saldría bien. 

     Camine más a prisa, mis pasos sosos y postura encobrada se habían convertido en marcha constante y mi espalda un ejemplo de firmeza y rectitud. Como la mejor medicina, esos rayos de sol lograron subir mi frente, que de apuntar al piso ya veía al horizonte. Pequeños detalles logran los grandes cambios. 

     Llegue a mi trabajo antes de lo previsto. Respirando rápido y profundo me percaté que un cansancio se apoderaba de mis piernas, ¿habré corrido hasta llegar? No lo sé, no recuerdo muchas partes del camino. ¡Llegue mucho antes! ¿Qué más rompiste sol? 

     Al atardecer y puesta del sol, sentí melancolía. El dolor de una despedida. Se marchaba alguien que había hecho algo en mí. Ese pequeño momento, esa pequeña mirada o ese suspiro matutino que se alejaban poco a poco en el horizonte. A medida que el sol se ponía y la obscuridad se adueñaba del ambiente mis pulmones se contraían permitiendo cada vez menos oxígeno en ellos. Sentí miedo, tristeza y sobre todo soledad. 

Te necesito sol. ¡No me abandones!

     Deseo que todos los días ilumines mi vista y mi vida con tus sabios colores. Contrasta todo lo demás, hazlo verse chico. No dejes que el gris nos cubra… Rompe ¡Sí! Rompe todo lo que nos cause tristeza y soledad llenando nuestra alma de tu calor matutino y por que no, date un poco a desear por las noches siempre con la promesa que regresaras tan pronto como puedas, como tu camino te lo permita, que te estaré esperando como un adicto al sentimiento de tenerte, sentirte y sobre todo saberte que estarás ahí cuando salga de mi casa a enfrentar la vida. Contágiame con tu energía, no te costaré trabajo… !con un mini rayito me es más que suficiente¡



viernes, 5 de febrero de 2016

¿Me amas? Grita, dilo o exprésalo. No importa cómo, ¡solo Hazlo!

¿Me amas? sé que mucho. Se ve en tu mirada constante, ilusionada. Llena de seguridad. Cada mañana me ves y saludas. Tus ojos me llenan de vida, tu respiración es la mía y tu voz mi sinfonía.

No lo puedes ocultar. Por más que te enojes ¡Me amas! ¡Y mucho! Se ve en tu mirada constante, ilusionada, y esta vez enojada. ¡No te enojes! ¡Por favor! ¿Qué no ves que te amo?

Grita, dilo o exprésalo. No importa cómo, ¡solo Hazlo! Tú mirada constante e ilusionada a veces no basta, por momentos pasa desapercibida y desvanece, perdiendo su función de decirme que me ama no importe que pase.
¿Me amas? ¡Si! ¿Cuánto? ¿De aquí a dónde? ¡Al cielo! Mas… dilo, exprésalo como sea. ¡Por favor!

De día o de noche, tal vez en la madrugada  ¿Sera…? Despierta o dormida, no importa. Respira junto a mi ¿Es mucho pedir? Mírame o solo veme. Tus pupilas lo dirán, solas se delatarán, ante mí y ante el mundo entero y lo expresarán, lo dirán y lo gritarán al dilatarse y delataran ese amor que me tienes. ¡Solo mírame o veme! Un instante, un momento.

Te amo yo también ¿se ve en mi mirada? ¿Lo notas? ¿Lo sientes?

viernes, 29 de enero de 2016

Mi Historia… Mi paz.



¡Haz la paz con tu vida!

Vi un post en alguna red social ¡qué tontería! Pensé. Pues claro si yo hubiera tenido un papá rico, otra vida hubiera sido. Tantos años de sobarme el lomo trabajando… ¿de qué paz hablan? Claro también si no hubiera conocido a esa mujer que me quitó los mejores años de mi vida, ¿cómo no me case con juanita mejor? Me lo habría preguntado mil veces los últimos años. Paz ¿cómo? La vida tiene tantos sufrimientos, no alcanzas a pararte cuando ya estas otra vez perdiendo el equilibrio.

63 años pasaron ya de mi nacimiento, ¿en que momento me hice abuelo?… ¡apenas ayer fui padre!

Con cuatro hijos y trece nietos sigo teniendo ese dolor de estomago que no me deja vivir, ¿será que se acerca mi final?  ¡No quiero morir solo! En mi departamento solo duermo yo y mi alma, salvo lucha que viene a ayudar con los quehaceres tres veces por semana.

Años atrás me había divorciado. Un matrimonio que además de durar poco, lo suficiente para engendrar a cuatro criaturas, fue muy tormentoso. Me arruino la vida. De seguro si me hubiera casado con Juanita no estaría así.
Veterano y solo me encontraba un buen día que mi hijo el mayor paso a visitarme, raro en ellos ya que viven de prisa y con tantas ocupaciones. Comemos esporádicamente en tertulias monologas donde la única expresión la veo a través del reflejo de la pantalla de sus Tablet o Smartphone. Y así con la mirada hacia abajo, zombis y en un mundo tan lejano al mío, pasan un rato en mi compañía.  La realidad es que por más solo que me sentía nunca lo estaba, mis hijos y nietos me veían mucho, dos de ellos incluso los veo por las mañana en el trabajo, me han suplido en el despacho de manera brillante. Mi carrera como abogado hasta ahora ha sido buena.

Labrando mi provenir desde muy joven, mi lucha había sido ardua e incansable. Trabajando de sol a sol había sacado adelante a mis hijos y por qué no decirlo, mantenido a mi ex mujer. Desde nuestra separación no hemos intercambiado más palabras que para faltarnos al respeto y amargarles la vida a nuestros hijos, que con tanta incomodidad decidieron alejarse de ambos. No soltamos, no dejamos ir y no perdonamos.

La paz, palabra mágica y significada no conocido por mí, por más logros, planes o aventuras, no llegaba. Simplemente el hecho de arrepentirme por tantas cosas me daban un malestar indescriptible. Por maldecir a la vida por los caminos que me había llevado. Una ceguera colorida y con texturas ambiguas y amorfas que no te permite distinguir ni gozar, ni mucho menos amar. Agradecer lo vivido y el despertar de cada mañana no estaba en mi vocabulario ¿cómo estarlo? si en mi diminuta conciencia, la palabra vivir era meramente respirar, ver y probablemente tocar y por supuesto esta última sin sentir.

Haz paz con tu vida, palabras que sin querer agrandaron, no mucho, mi mente. Sentí un espasmo momentáneo donde algunas texturas comenzaban a tener formas. Las primeras de ellas mis hijos, los vi en mi mente y creo que por primera vez  en una especia cortometraje desde su nacimiento hasta el día de hoy, los gocé. Ellos eran reales en mi vida y entendí que no los cambiaría por nada en el mundo. Hable con cada uno de ellos, y por primera vez me escucharon decir que el que hayan nacido había sido lo mejor que me había pasado, y claro el haberme casado con su madre, por ende, había sido la mejor decisión de mi vida… Y así Juanita salió volando de mis pensamientos como un Angel habiendo cumplido su cometido. Hice las paces con mi vida, con mi historia. ¡Mala o buena! ¿Qué importa? Al menos ahí estaba, mirándome frente a un espejo, una realidad oculta por tantos años.

Hice las paces con mi historia, con mis errores y con mis fracasos. Ellos me habían formado y llevado a amanecer cada mañana vivo. A seguir trabajando por mí, por ellos. A tenerme y a tenerlos.

Mi vista había ahora reconocía colores y texturas nuevas para mí. Como ciego que recobra la vista, sonreí y suspire. Sentí paz, mi estómago estaba ligero y listo para seguir. Mi cuerpo pedía más vida y mis ojos más texturas, salir, gozar. Volver a empezar.

¡Haz la paz con tu historia! Sin ella no fuimos, no somos… nunca seremos

miércoles, 20 de enero de 2016

El equilibrista





La cuerda esta lista. ¿La altura? ¡Muy alta! No veo hacia abajo solo camino por ella. Nunca uso un arnés, mi carácter aventurero e intrépido me obligan a andar por ella al filo del peligro. No ando ligero, por el contrario, soy de los que llevo mucho peso. En mi mochila voy metiendo piedras lo que lo hace más interesante. Una por cada pensamiento o proyecto nuevo. Se van apilando generando que mi equilibrio se vea mas comprometido, y al paso de mis proyectos y responsabilidades, mi mochila está siempre muy pesada

en un principio se me dio la opción de colocarla muy cerca del piso y andar en ella muy bien amarrado y ligero, mas no es lo mío. Miraba a lo alto y visualice mi cuerda allá arriba, lo mas alto posible y por que no llevando todo conmigo.

Siempre vi esa azotea desde abajo y soñaba con alcanzarla, cruzar de un lado a otro. Llegar al otro lado sano y salvo. Caminaba de una esquina a otra preparándome para ese gran cruce. Viéndolo siempre desde abajo y preguntándome cuándo seria mi momento?

Recuerdo lo alto que se veía, de niño todo lo ves grande. Al pasar de los años comenzó a verse más alcanzable el cruce. A medida que mi preparación avanzaba, cada ciclo cursado, libro terminado y experiencia vivida, esa azotea bajaba más al piso o el piso subía más a ella. Cada caída o tropiezo en mi preparación era un paso más, por más doloroso que fuera, la idea siempre es levantarte lo más rápido posible. No es como te caigas, es más bien, la forma en la que te levantas. 

Parte importante era tener un nido. Crear un lugar seguro. ¡Tener algo! Poder practicar para lograr llegar al otro lado, prepararme dotándome de todos los elementos necesarios para tener ese equilibrio en mi cuerda, que cada vez y sin saber el porqué, pasaba por esa esquina y crecían pisos a los edificios donde sería colocada. Al paso del tiempo también la calle se hacía más ancha y a medida de mis pensamientos, ambiciones y aspiraciones mi mochila pesaba más y más. 

Tenía que hacerlo, llegar sano y salvo y lo más importante: no dejar nada atrás.

Pasaron los años y mi preparación estaba casi lista. Para ese entonces ya los edificios estaban altísimos y la calle, si se podía seguir llamando así, muy ancha. Sentía que aún no estaba listo para el cruce, mi preparación no estaba completa y en mi mochila aun había lugar para más. 

Esta vida llena de cosas hace mi travesía más y más difícil, obstaculiza mi camino turbando mi tranquilidad. Además pone en riesgo mi equilibrio con tantos pensamientos e inconformidades ¡Hay tanto ya! Que no sé qué quiero, cuándo lo quiero y si realmente lo necesito. 

Decidí llevar a mis hijos conmigo, al igual que mi mochila conteniendo mis pensamientos, deseos y aspiraciones. Estarían en mi espalda mientras quepan. Quería que en sus primeros años disfruten de la vista y la brisa del viento en un lugar seguro. Sin complicaciones o frustraciones a la medida de los posible. En mi emprenderían sus primeros intentos, así que su seguridad dependería de mi equilibrio.

¡He practicado tanto! ¡Estarán seguros! 

Ahora solo tenía que asegurarme que así sea, que su cuerda en el momento indicado, también sea colocada en lo más alto, que su mochila esté llena de tantas ambiciones y deseos como pensamientos en su mente. Que su equilibrio nunca se comprometa con malos caminos, malos hábitos. Y su cruce sea pacífico y lleno de amor y prosperidad.

Tuve la suerte de verlos cruzar, a cada uno de ellos. No me había percatado pero mi pelo estaba muy blanco, mi cara arrugada y mis piernas apenas podían sostener mi mochila. Fiel compañera de vida aun albergabdo un solo deseo, un solo pensamiento y una sola ambición: ¡Morir en paz! sabiendo que mis hijos estarán viendo a los suyos cruzar sanos y salvos, a lo alto y a todo lo lejos que sus deseos lo permitan.